jueves, 14 de marzo de 2019

Texto íntegro entregado a Ricardo Blázquez.



La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.

Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.


El jesuita Hans Zollner, presidente del Centre for Child Protection (CCP) de la Pontificia Universidad Gregoriana y miembro relevante de la organización de la última cumbre vaticana sobre la pederastia y la protección de la infancia ha sido muy claro antes, durante y después de la citada reunión, celebrada por el Papa Francisco y los obispos de todo el mundo. “El Papa quiere una respuesta firme y universal contra los abusos", "Tanto los abusos como su cobertura ya no pueden ser tolerados", “Con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas”, "Es muy triste decir que las víctimas no encuentran misericordia entre los que hablan de la misericordia de Dios. Sólo encuentran puertas cerradas y corazones secos", “La Iglesia que tendría que ser ejemplo de compasión se presenta como una institución incapaz de empatía”, “Ellos no inventan los escándalos. Somos nosotros los que los hacemos”, “Una persona que ha cometido un crimen tiene que cumplir su pena”. Frases como estas y pudieran añadirse muchas más, resumen de algún modo el punto de vista de un hombre del Papa y deben ser atendidas y desplegadas por la Conferencia Episcopal de España con transparencia, contundencia e inmediatez. 

En ese sentido las víctimas de Asociación Infancia Robada siempre hemos pedido prevención y provención, justicia y verdad. 
Es importante que se articulen medidas para evitar que estos delitos se perpetren en el futuro, como acompañar y atender a las potenciales víctimas y que se instauren cauces concretos para que la jerarquía eclesiástica española sepa que hacer cuando sucedan a partir de ahora. 
Es importante que de cara al futuro la iglesia no encubra sistemáticamente a sus potenciales pederastas. 
Pero igual de importante es que la iglesia de España se ocupe de sus víctimas reales y no regrese de un modo terco a la ignorancia deliberada y a la mala fe. El pasado también cuenta y declaraciones como las de Monseñor Blázquez en el sentido de “no investigar los casos de pederastia del pasado en nuestras filas” nos producen enfado, vergüenza ajena y nos sentimos de nuevo agredidos. 

  • En ese sentido al igual que la Congregación de los Jesuitas en Catalunya investigará los posibles abusos sexuales cometidos desde los años 60, exigimos que la Conferencia Episcopal de España marque un plazo similar en coordinación con las diferentes diócesis, sin aludir al hecho de que cada diócesis decida que hacer. Estamos cansados ya de idas y venidas de “la Pelota”, de que quienes deben hacerlo no asuman sus responsabilidades, de crear artimañas legales y dejar escapar recursos y competencias para escurrir responsabilidades y no depurarlas. Los casos del pasado deben ser investigados. 
  • En ese sentido exigimos monitorizar y controlar por personas independientes y ajenas a la jerarquía eclesiástica que los hechos suceden a las palabras y al papel impreso, con toma de medidas concretas y plazos de actuación fijados previamente.
  • Para ello no basta con que la iglesia cree comisiones como la actualmente existente, primero y pensando bien formada solo por sacerdotes y después y ya siendo más claros, dirigidas por personas que cuanto menos han ayudado a que los casos de pederastia no se aclaren, denuncien y persigan. La presencia en esa comisión de Silverio Nieto Muñoz o Juan Antonio Menéndez, supone una afrenta más a las víctimas. Negar las evidencias es mentir y ellos lo saben. Nosotros no vamos a tolerar más mentiras. Es preciso que la iglesia no se investigue a sí misma. Que en esa comisión haya presencia de profesionales independientes, imparciales, que supongan un chorro fresco de credibilidad y transparencia. Facultativos y letrados, formadores sociales y especialistas que aporten ese irrenunciable ingrediente de sensatez. Y por supuesto también víctimas, cuyas voces y experiencias personales acreditadas son valor innegable a la hora de tomar medidas.
  • Nos resulta también imprescindible que toda la documentación de los casos que obra en poder de la Iglesia española salga a la luz máxime cuando algunos ya la hemos solicitado y se nos ha negado y ocultado. Como parte en los diferentes casos tenemos derecho a conocer esa información. Política de transparencia.
  • Creemos que es inaplazable la creación de una oficina de atención a las víctimas dentro de la estructura de la iglesia española. Oficina centralizada con independencia de la que también deben crear las diferentes diócesis. Esa oficina debe estar formada también con un perfil mixto, cuanto menos con miembros independientes, laicos, que den un apoyo real y eficiente a quienes hasta ahora no han sido capaces por ignorancia deliberada e incluso mala fe, encubrimiento y también complicidad, de hacer su deberes. 
  • Exigimos que las diferentes congregaciones en cuyo seno se han cometido los delitos se sumen a la política general obligada de transparencia, inmediatez y asumir responsabilidades. En ese sentido y en el caso del Opus Dei, prelatura de la Iglesia Católica, exigimos que con respecto a su actuación en el caso Gaztelueta aclare de una vez que medidas piensa tomar con respecto a su víctima. Con una sentencia de la Audiencia Provincial de Bizkaia de 11 años de prisión contra su numerario profesor de religión y pederasta, llega ya muy tarde un comunicado al respecto. Es hora de que todas las congregaciones asuman su responsabilidad, sean debidamente sancionadas cuando han encubierto los casos de pederastia en sus filas y acompañen a sus víctimas debidamente sin más dilación, tanto a título educativo, como jurídico, laboral y de salud pública. No basta con afirmar que estas son materias de los poderes públicos, todas ellas y la Madre Iglesia deben contribuir con aquellos, en la reparación de sus víctimas. No es una opción, es un deber.
  • La Conferencia Episcopal de España debe comunicar sin demora a la Congregación para la Doctrina de la Fe todas las comunicaciones que reciba de las víctimas para que aquélla abra o reabra e investigue todos los casos.
  • Exigimos una uniformidad en la actuación de todas las diócesis de España, tal y como ha pedido el Papa respeto a todas las Conferencias Episcopales del Mundo católico. Todas deben ser parte activa en este proceso, liderando reconocimiento y reparación, castigo y expulsión de los culpables, pederastas, cómplices y encubridores. 
  • Respetar los tiempos de las víctimas que lo son, no desde que hay una sentencia firme de la justicia ordinaria, sino desde que un peritaje facultativo no de parte, sea antes, durante o después de la instrucción penal, les reconoce tal condición. Es entonces cuando también la iglesia debe desplegar todas sus medidas de acompañamiento. 
  • Estos delitos suponen el robo de una parte esencial de la vida del abusado y agredido. Creemos que es una obligación moral y cristiana garantizar el futuro de la victima en los planos educativo, médico, jurídico y laboral. Pago defensa jurídica, pago terapias, pago matrículas universitarias y de formación, ayudas en el mercado laboral. No pedimos limosnas, pedimos reparación en consonancia con el daño recibido porque el dolor y el daño, por desgracia, no prescriben.
  • Pedimos que la iglesia española suba sus plazos de prescripción, igual que lo pedimos a los poderes públicos y en ese sentido solicitamos bien la no prescripción o un plazo de 50 años, con independencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
  • Además exigimos que la cultura jurídica canónica punitiva se adapte a sentencias declarativas y a un perfil inexcusable de la verdad que no siempre coincide con la de la justicia. Estamos comprobando cómo muchísimos de los casos de pederastia en el ámbito eclesiástico, cuando están saliendo a la luz han prescrito a título de la justicia ordinaria, por lo que debido a la no retroactividad de la ley y pese a que en muchos de ellos hay un reconocimiento expreso del pederasta y de sus encubridores o cómplices y unos daños valorados que acreditan la condición de las víctimas, nada de hace ni a título punitivo ni a título de reconocimiento y resarcimiento. En ese sentido creemos que en un plano preventivo punitivo la iglesia debe crear un registro de pederastas que impida que todos sus delincuentes puedan seguir activados y actuando desde la impunidad y del mismo modo sus víctimas deben ser atendidas y acompañadas, respetando la lógica pero también el Estatuto de la Víctima de 2015. No es de recibo que cuando los hechos han sido reconocidos la simple inexistencia de una sentencia, justicia prescrita e inalcanzable, anule la verdad que en parte supone un instrumento de reconocimiento y reparación para los abusados y agredidos.
  • En un Estado de Derecho y en base al concepto jurídico básico de causa efecto, daño reparación, existen unas indemnizaciones proporcionadas al daño causado. Por ello las víctimas, cuando sea por justicia reparadora, mediante sentencia canónica o de los tribunales ordinarios, o mediante la aplicación de la filosofía jurídica de la verdad, deben ser indemnizadas. Basta ya de atribuir intereses económicos a las denuncias, este concepto instalado en los protocolos de actuación de las diócesis y en las mentes retorcidas de algunos portavoces de la iglesia nos ofende de un modo insoportable. 

En resumen, es necesario que de una vez se depuren las responsabilidades adquiridas por los delitos en sí mismos pero también por tantos años de encubrimiento y complicidad. Y es necesario que la iglesia española asuma su responsabilidad pasada y presente y lo haga para empezar a trabajar con transparencia de cara al futuro. Es su deber y una oportunidad que las víctimas, todas sus víctimas, le están concediendo. Son delitos, no solo pecados. 
Y es un problema de salud pública. Y como tales deben ser tratados por una iglesia en donde reinen verdad, justicia, equidad, misericordia y humanismo. 
En ese sentido y desde esta asociación, empezando por la reunión de hoy, ofrecemos desde nuestras experiencias personales y en un ámbito también general, el soporte preciso para que la iglesia española aproveche la oportunidad y haga un trabajo serio y efectivo, transparente y urgente, con respecto a sus casos de pederastia. 


Juan Cuatrecasas Asua 
Presidente de AIR - Asociación Infancia Robada

martes, 5 de marzo de 2019

Del encubrimiento.


Pensamos la mayor parte de víctimas directas e indirectas de los delitos sexuales contra menores en el ámbito de la iglesia presentes estos días en el Vaticano que el daño causado por los clérigos pederastas es muy grave pero que también lo es en medida similar el causado a las víctimas por quienes ayudan a ocultar estos delitos utilizando el escudo del encubrimiento. Si el primero de los delitos ataca al menor en pleno proceso de forja de su personalidad, el segundo lo doble victimiza hasta la extenuación alargando el proceso de agresión, alterando su recuperación y atacando de modo consciente, alevosa y premeditada su credibilidad social y transformándola en verdugo en lugar de víctima. Una de las reivindicaciones, transmitida en varios idiomas, por diversos activistas y víctimas es la de que quienes deben acometer las tareas pendientes con respecto a los delitos sexuales a menores dentro del ámbito eclesiástico depuren responsabilidades tanto en los autores de los delitos como en los encubridores, algunos demostrados e impunes.
“El encubrimiento tiene por objeto evitar que un sujeto responda del delito que ha cometido y para ello es irrelevante si el delito encubierto ha sido juzgado o no. Lo único esencial es que efectivamente se haya cometido el delito previo y el sujeto lo sepa, pues en tal caso podremos afirmar sin duda alguna que está obstaculizando la acción de la justicia si se realizan las conductas encubridoras.”
Claro y transparente, tal y como lo dejaba por escrito en un artículo de El País, el penalista y jurista Octavio García Pérez en marzo de 2011. Para ello aludía a un auto del Tribunal Supremo de 28/4/1999. No es preciso que el delito encubierto haya sido previamente enjuiciado. 
Es exigencia común entre todas las víctimas aquí presentes que no solo los pederastas con alzacuellos sean castigados y excluidos de la iglesia sino que quienes han colaborado durante tantos años en facilitar su impunidad y la prescripción de los delitos cometidos, también reciban el mismo tratamiento. Algo que a este lado de la terrible realidad de la iglesia nadie pone en duda. Abusar y agredir a un menor es un delito pero facilitar vías de escape a los delincuentes poniendo tapones de información, maltratando una vez a quienes pueden y desean denunciar es un consciente modo de prolongar dolor y sufrimiento sin atenuantes posibles. 
Hoy, durante mi cuarto día en tierra vaticana, he compartido con víctimas de otras nacionalidades reivindicaciones, protesta y exigencias. No es de recibo que mientras en una sala los obispos discuten lo indiscutible, proponen cuestiones ya puestas sobre la mesa por las víctimas desde muchos años atrás, el ritmo del caracol presida el devenir de hechos. Los hechos no admiten más demora. Apertio aurum, hay que escuchar antes de que la cumbre termine la voz de sus víctimas. Consolatrix aflictorum, hay que consolar a las víctimas antes de las conclusiones de la cumbre y esto ya no se logra con perdones y golpecitos en la espalda.
Ecce Venio, no llegamos hasta Roma para esperar en la puerta mientras los reunidos buscan rimas y tribulaciones con las que intentar aplacarnos y amortiguar nuestras quejas fruto del dolor.
Extra omnes, todos fuera, pisando calle, afrontando el problema con valentía, mirando a los ojos de las víctimas y asumiendo compromisos de actuación con calendarios y plazos, sin más dilación.
Pedes in terra ad sidera visus, con los pies en la tierra reconocer y reparar, porque del pecado al delito hay un trecho y elevar la liturgia como remedio del mal por encima de la punitiva de la justicia ordinaria es un galimatías de ya inviable sustento. La iglesia no ha liderado esta lucha contra los delitos sexuales en su ámbito. Lo hemos hecho las víctimas y sin necesitar que nos tomen el relevo , si es preciso que se sumen a la lucha con franqueza, inmediatez y mucha transparencia.
No más encubridores, no más delirios de grandeza. 
Y es que ... Dum excusare credis, accusas. Cuando crees excusarte, en realidad estás acusándote. Y a estas alturas de la película, en este lado, en el de las víctimas, ya nadie se chupa el dedo. 
En las Filípicas de Cicerón se dice bien claro Cuiusvis hominis est errare, nullius nisi insipientis in errore perseverare.
“Cualquiera puede errar, pero sólo el necio persevera en su falta.”

lunes, 4 de marzo de 2019

Verdad, Justicia y Reparación.


«Terribilis Est Locus Iste». 
A la sombra legendaria de la Torre Magdala y con la terrible presencia del diabólico Asmodeo, que sirviera de patrón al dramaturgo sevillano Luis Vélez de Guevara para dar vida a su sátira El Diablo Cojuelo, en efecto, este lugar es terrible. Y lo es porque la familia de supervivientes de abusos y agresiones sexuales en el ámbito eclesiástico no para de engrosar sus filas. Terrible manantial y cientos de testimonios que se van acumulando, algunos en la sombra, otros con luz y taquígrafos porque sus protagonistas pueden y deciden contarlo horror vacui, sin dar pie a silencios forzados, comprados o amenazados. Este lugar, el de las víctimas, es terrible porque además de sufrimiento sigue existiendo incomprensión, liturgia barata, perdones incompletos y mala fe disfraza de bondad. Mencionó el Papa Francisco hace poco a Satán y aunque lo hizo de un modo ambiguo y hasta cuestionable, atrajo hacia el foro en cuestión a un personaje ad hoc, sobrenatural y maligno, que vive en la mente del ser humano y en su expresión artística. Nadie, ni la propia iglesia católica ha certificado su existencia, más allá de dudas y contradicciones papales. Claro que es fácil sentirlo, no hay más que ver cualquier espacio de noticias de los diferentes medios de comunicación. El diablo habita por doquier y lo hace especialmente actuando contra niñas y niños, revolcándose en la maldad perpetrada con saña contra la infancia. Lo que algunos políticos reconocen a puerta cerrada “esto es un tema de baja intensidad” es una expresión más de eso que los mortales denominamos diablo. Es terrible este lugar y más allá de la leyenda mítica de Rennes-le-Château y del peculiar cura Francois-Bérenger Saunière, los conceptos de acusador y adversario, atribuidos a Satanás, se vuelven estos días contra las víctimas con declaraciones pérfidas y sin duda malintencionadas que desde la jerarquía eclesiástica española siguen poniendo en duda los testimonios de la víctimas, falseando la verdad y construyendo muros entre la justicia y la injusticia, dando fuerza a esta última. Criticar a la iglesia por maltratar a sus víctimas y encubrir a sus pederastas no significa en caso alguno formar parte de la parentela del diablo. Antes bien es contribuir a que la iglesia aproveche la oportunidad de levantar sus alfombras y eliminar la basura acumulada, denunciando a sus delincuentes y mirando al futuro con limpieza, misericordia y humanismo, sin miedo al que dirán y con voluntad real de cambio, hechos y no solo palabras, dejando atrás ignorancia deliberada y amnesia premeditada. Reconociendo también a sus víctimas y reparándolas, hayan prescrito o no sus casos en la justicia ordinaria, haya o no sentencia firme, siempre que sean víctimas reconocidas y avaladas por informes periciales facultativos de probada fiabilidad. No puede ser que la iglesia española no investigue los casos de pederastia del pasado en sus filas porque ello significa que el lugar terrible se prolongue y se haga eterno, facilitando la continuidad de quienes abusan y agreden sexualmente a niñas y niños y logrando una aberrante e injusta impunidad para ellos. Y por supuesto convirtiendo a los supervivientes, sus víctimas, en re victimizadas sin solución. La iglesia debe liderar este proceso, el mismo que hasta ahora ha liderado el batallón de las víctimas, auxiliadas sólo por la fuerza de su dolor y la obstinada sed de justicia y verdad. Porque como decía el otro día una de las víctimas de los Salesianos de Deusto, en Bilbao, si ya no llegamos a la justicia, al menos que se sepa la verdad. 
Y dejando de lado anticristos, demonios y primos de Satán, la única verdad, la que ya todo el mundo sabe, es que en esta historia hay mentiras, negligencias y trampas, encubridores y pederastas y seres humanos que han tenido, desde la soledad y el silencio, que sobrevivir como valientes intentando no mirar atrás y divisar en lontananza una débil luz de esperanza, que la iglesia siempre ha intentado apagar, conscientemente y sin rubor. A veces en este terrible lugar, el de las víctimas, se sigue creyendo que Satanás, sus primos y hermanos, soplaban a la luz de la vela de la esperanza, para que se apague y no regrese. Por desgracia para los malévolos sopladores, ya no hay camino de retorno. Porque cada vez somos más quienes aguantamos la vela con fuerza y luchamos por ampliar su espectro de proyección. La iglesia es quien tiene una oportunidad y una obligación. Las víctimas seguimos liderando el proceso y exigimos que se cumplan nuestros derechos y que las palabras lejos de ser un simple papel mojado, se transformen con la urgencia debida, en hechos. Coram populo, Amén.

http://www.religiondigital.org/opinion/Juan-Cuatrecasas_0_2100089988.html

Texto íntegro entregado a Ricardo Blázquez.

La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio. Cicerón  (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano. ...